Quienes nos quieren


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Somos distintas, las mamás en duelo. Somos muy protectoras de nuestros hijos.

Como todas las madres.

Es que, en realidad, somos iguales. Amamos y cuidamos a nuestros hijos e hijas por sobre todas las cosas. Tenemos eso, las mamás, que cuando se trata de nuestros bebés, nos convertimos en leonas. Defendemos ferozmente. Pero también, nos herimos ferozmente.

Hay algo que quizás es un poco contradictorio. Por un lado, a veces tenemos unas ganas tan grandes de hablar de nuestros hijos. Queremos contar cómo fue el embarazo, cómo nacieron. Contar todo lo que teníamos planeado, los recuerdos hermosos y llenos de esperanza, también el dolor y la falta que dejaron. Queremos hablar y hablar. Aunque lo hayamos contado mil veces, necesitamos hacerlo mil veces más.

¿Y qué esperamos de quienes nos escuchan? Quizás que recibais con amor el regalo que os estamos haciendo. Las historias de nuestras hijas son íntimas. Son tesoros que guardamos. Compartirlo es un gesto de amor y confianza. Nos encanta cuando lo contamos y nos deciis, gracias por contarme de tu hija. No necesitamos que nos digais mucho más. Solo que escuches agradecida.

Yo sé que cuando alguien dice que un bebé murió surgen muchas preguntas: ¿cómo murió? ¿cuánto tiempo tenía el bebé? ¿qué le pasó? ¿hace cuánto murió? ¿tenés otros hijos?

Son preguntas que emanan de la curiosidad. ¡Claro! Por suerte es inusual que muera un bebé, intriga mucho saber qué pasó. Pero esas preguntas… muchas veces nos suenan así: ¿porqué se murió; no te cuidaste bien? ¿cuánto tiempo tenía el bebé; era muy pequeño entonces bueno, ya pasará/era muy grande, que horror/ ya había nacido, quizás no lo cuidaste bien?  ¿qué le pasó; te hiciste demasiadas ecografías/no te controlaste lo suficiente/comieste bien/ le habrá hecho mal tu trabajo estresante? ¿hace cuánto murió; y estás así de bien/así de mal? ¿tenés otros hijos; bueno, centrate en tus hijos y no te empecines en sufrir/que no,  entonces no sos madre de verdad?

Nos sentimos juzgadas. Aunque no sea vuestra intención, nos sentimos juzgadas. Quizás porque en algún lado, nos juzgamos nosotras. Nuestro bebé murió. Cómo yo, que soy su madre, que lo único que tenía era cuidarlo y protegerlo, ¿cómo no lo pude salvar? Porque a veces el amor no es suficiente para salvarlos. Si el amor salvara, estarían todas acá, nunca moriría un hijo, nunca. Pero el amor no es más fuerte que la muerte.

Entonces, cuando os compartimos un poquito de nuestra historia de amor más hermosa, escuchad con empatía. Ya os vamos a contar todo lo que os queremos decir.

Es distinta una pregunta que surge de la curiosidad y una que surge de la escucha activa en una conversación. Quizás antes de preguntar, estaría bien hacer una pequeña reflexión personal ¿lo pregunto porque me intriga mucho? ¿o lo pregunto para participar en la conversación?

A veces, escuchando a una mamá en duelo, lo que la gente siente es nuestro dolor, una empatía profunda y sentida que a veces lleva a comentarios desafortunados como: yo estaría hecha polvo, no sé cómo haces para seguir. Y nosotras oímos: tu hijo muerto y tú aquí, como si nada… No hamce falta que nos digais cómo lo haríais. Lo estamos haciendo como lo hacemos nosotras. Para nosotras no es un hipotético, es una realidad que no elegimos. Estamos haciendo lo mejor que podemos, en una situación que jamás querríamos.

Es nuestra historia. Ayúdadnos a contarla cómo nosotras queremos. Porque somos sus mamás.

– Cheli Blasco

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