Sobre doulas. ¡Qué original!


Uy un post sobre doulas esta semana, ¡Qué novedad!. Vale, digamos que no soy una lumbrera en cuanto a originalidad pero después de salir sin mi consentimiento, ni tan siquiera informarme, en un programa Catalán quiero por lo menos hacer uso de mi derecho a réplica. A ver si consigo dejar un poco más claro lo que soy y lo que no soy…

Soy una persona pragmática; lo más cerca que estoy de una chamana o curandera es cuando me tomo un ibuprofeno. No creo en la homeopatía, no hago calderetas de placenta los Domingos. No me lavo el pelo con sangre menstrual y de vez en cuando me gusta darme caprichos.

No hago tés milagrosos, desayuno con café de Nespresso. Uso sujetador y me depilo. Pero como soy doula, se me incluye en una especie de pack extraño que a día de hoy no he encontrado sentido.

Acompaño a mujeres que prefieren el paracetamol a unas bolitas de homeopatía, pero también a las que prefieren las bolas. Acompaño a mujeres que se hacen un batido con un trozo de placenta cuando paren y también a las que prefieren tirarla a la basura. También a las que no se depilan y las que sí, las que no usan sujetador y las que no se lo quitan ni para dormir o las que se toman desde la 37 hojas de frambueso para ponerse de parto, las que se presentan a una inducción y las que deciden esperar pacientes a la 42. Mi trabajo es acompañar, me vais a perdonar, pero lo que yo haga o yo crea importa una mierda, es solo mío.

Yo no obligo a comerse nada, como no obligo a no comerse nada. Parto de la base de que las mujeres no somos estúpidas, si algo nos interesa nos informamos y decidimos, no hace falta que nadie haga de papá. Es más, si esperas alguien que decida por ti o te imponga algo, descarta la idea de contratar una doula.

El primer contacto que tuve con la placentofagia, ahora tan recurrida, fue de la mano de una matrona, estaba haciendo una estudio sobre sus beneficios y estaba muy satisfecha con los resultados. Curiosidad científica.

Mi primera placenta acabó en la basura, con mi tercera, la escupí del asco que me produjo y con la cuarta mi batido me supo a gloria pero, y eso ¿qué narices importa? Es solo lo que yo hice, experiencia personales de las que no se pueden hacer reglas universales.

Tengo la sensación de que esta estúpida lucha no es contra las doulas… no sé a las doulas en general, a mí en particular me da lo mismo. Yo sé lo que hago y sé lo que no hago, no me siento ofendida.

Soy mujer y he contratado los servicios de una doula, así que me siento insultada. El insulto, el que me llamen tonta, pasa a ser lo de menos cuando además estoy HARTA de que me digan lo que hay que hacer.

Yo en dilatación completa, junto a mi doula Paca Muñoz.

Yo en dilatación completa, junto a mi doula Paca Muñoz.

Analizo el trabajo de Paca, mi doula, en mis partos. Por más que lo pienso no encuentro la peligrosidad de llenarme la bañera, darme la mano, respirar junto a mí, dejarme la casa como los chorros, tomarse café en el posparto y darme

abrazos como pocas veces me han dado.

Yo no sé si Paca cree o no en la homeopatía, si es medio chamana o chamana del todo, si se depila las axilas, si usa compresas o copas menstruales, si hace tés milagrosos o se toma un ibuprofeno pero, ¿Sabes qué? Me da exactamente igual. Lo que tengo que saber de ella, es que ha respetado lo que soy yo en los momentos más importantes de mi vida y lo demás me es indiferente.

Adriana Madre.

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